De SandinoSociedad

Un niño que sonríe a pesar del agua

Lean David llegó a este mundo cargando un desafío silencioso: el líquido cefalorraquídeo no encontraba camino para salir de su cerebro. La hidrocefalia congénita, que afecta entre uno y cuatro niños por cada mil nacimientos, se manifestó en él con una malformación en la válvula ventricular. A los cinco meses le colocaron una derivación ventrículo-peritoneal, un delicado sistema de catéteres que conduce el exceso de líquido desde el cerebro hasta la cavidad abdominal, donde el cuerpo lo absorbe. Fue una cirugía precisa y necesaria.

Poco después hubo que intervenirlo nuevamente, porque la parte baja del catéter se había apoyado contra la pared peritoneal. Desde aquella segunda operación, el niño comenzó a evolucionar con la serenidad de quien ha encontrado su rumbo.
La familia procede de Las Martinas, en el municipio Sandino, Pinar del Río. Un lugar remoto donde el transporte es precario y el acceso a especialistas resulta difícil. Por esa razón, después de la cirugía decidieron que Lean David debía permanecer cerca del hospital. Así fue como madre, niño y abuela llegaron al Hogar Materno, donde encontraron refugio y cuidado.
Allí, entre embarazadas y el personal de blanco, Esther Ledesma Camejo cuida a su nieto con la fortaleza serena y profunda que solo poseen las abuelas cubanas. Con voz calmada y llena de gratitud, Esther expresa:
«El tratamiento ha sido excelente, sin ninguna queja del personal del materno ni de los pediatras. La atención ha sido muy buena».
La doctora Maricela Valdés Troche, pediatra que acompaña el caso cada día, lo explica con claridad y ternura:
«Lean David llegó con cinco meses con características compatibles con hidrocefalia. Se le colocó la derivación y evolucionó bien tras la cirugía. Debido a su condición de alto riesgo y a la lejanía de su comunidad, decidimos mantenerlo aquí, en el Hogar Materno, donde el riesgo de contagio es bajo porque está rodeado de embarazadas sanas. Lo evaluamos todas las mañanas y todas las noches. La enfermería controla sus signos vitales con frecuencia. Ha evolucionado muy bien, sin dificultades. Está activo, alegre, responde bien a los estímulos y su desarrollo psicomotor es acorde a su edad».
Esther Ledesma Camejo asiente con una sonrisa tranquila y añade:
«A pesar de su condición, el niño puede llevar una vida normal, sin discapacidad. Solo debe evitar golpes y cumplir algunas precauciones».
Y así es. Lean David crece con una mirada curiosa y una vitalidad que conmueve. En el Hogar Materno, las embarazadas lo rodean de cariño, las enfermeras lo vigilan con dedicación y el equipo médico lo acompaña con esmero. Incluso han recibido visitas de las instituciones del gobierno para evaluar los apoyos que la familia necesita.
Aunque la hidrocefalia puede generar complicaciones mecánicas, como desplazamientos u obstrucciones del catéter, la intervención oportuna y el seguimiento constante han permitido que este niño se desarrolle con la plenitud que merece.
Esther Ledesma Camejo sabe que el ingreso es por tiempo indefinido, porque aún no les han dado una fecha de regreso a Las Martinas. Sin embargo, no hay reproche en sus palabras. Solo una profunda gratitud cuando mira a su nieto y dice:
«El niño ha evolucionado muy bien. Estamos agradecidos».
En medio del Hogar Materno, mientras Lean David descansa confiado, queda la certeza de que cuando la familia, los médicos y la comunidad se unen con el corazón abierto, incluso las aguas que nacen donde no deben encuentran un cauce sereno y lleno de esperanza.
Es una historia pequeña en tamaño, pero inmensa en ternura. La historia de un niño que sonríe a pesar del agua.

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