Cuando la cultura acaricia la memoria
La Casa de Abuelos Nueva Creación amaneció distinta. No era un día cualquiera: la brigada artística de la Casa de la Cultura Leonel Rugama Rugama había llegado con guitarras, versos y humor para regalar a los mayores un espacio de ternura y compañía.
Heriberto León pino afinaba su voz mientras preparaba los acordes de la guitarra. Luis Antonio Tumbeiro, con su chispa de humor, arrancaba sonrisas que parecían rejuvenecer los rostros. Los abuelos, algunos con bastón, otros con la mirada encendida, se dejaban envolver por la música y la risa como si fueran un bálsamo contra el paso del tiempo.
Lisandra, trabajadora social de la institución, caminaba entre ellos con la certeza de que cada gesto artístico era más que entretenimiento: era cuidado, era amor. “Ellos necesitan sentirse acompañados, reconocidos. La tercera edad es memoria viva, y la cultura es un puente que los mantiene activos y felices”, decía mientras acomodaba a una anciana que tarareaba un bolero.
La brigada artística no solo cantó: también conversó, escuchó historias, compartió anécdotas. En cada palabra se tejía un vínculo entre generaciones, un recordatorio de que los abuelos son raíz y sostén de la comunidad.
Al final de la jornada, los aplausos no fueron solo para los artistas, sino también para los propios abuelos, que con su sabiduría y su resistencia demostraron que la tercera edad no es un ocaso, sino una etapa de luz que merece respeto y celebración.
