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Noemí Balmaseda: la voz que se hizo vida

El salón estaba colmado de colegas, autoridades y amigos. Era la Jornada por el Día de la Prensa Cubana en Pinar del Río, y entre los aplausos que resonaban como un río de gratitud, se escuchó un nombre que ya es patrimonio de la radio pinareña: Noemí Balmaseda.

La periodista de Radio Sandino recibió el Premio de Periodismo “Edmundo Alemany Poch” por la Obra de la Vida, un galardón que no solo reconoce el trabajo de décadas, sino que consagra la entrega de una mujer que convirtió la palabra en compañía, la noticia en memoria, la crónica en poesía.

Con el diploma en las manos, su voz se quebró apenas un instante, como si en ese gesto se condensaran las madrugadas de transmisión, los ciclones narrados con serenidad, los silencios rotos por la certeza de que la radio es más que un medio: es un hogar compartido.

—“Este premio me honra, pero más que nada me compromete. La radio ha sido mi casa y mi manera de servir a la gente. El mayor galardón siempre será el aplauso de mi pueblo”, dijo con la firmeza de quien sabe que la palabra puede ser un puente.

El jurado reconoció su capacidad para transformar la información en relato humano, para hacer de la noticia un género que late con la vida de su comunidad. Y ella, humilde, recordó a quien da nombre al galardón:

> “El periodismo es un acto de fe en la verdad, aunque duela, aunque incomode, aunque nos obligue a mirar lo que no queremos ver” —Edmundo Alemany Poch.

Ese credo ha guiado su camino desde que, en los años 80, llegó como estudiante a Radio Sandino. Desde entonces, su voz ha sido refugio en tiempos de incertidumbre, compañía en las noches largas, resistencia frente a la adversidad.

La ceremonia también entregó los Premios “Arturo Buliés” por la Obra del Año, pero fue la figura de Balmaseda la que llenó de poesía el acto. Porque su historia no es solo la de una periodista premiada: es la de una mujer que hizo de la radio un latido colectivo, que convirtió cada transmisión en un acto de fe en la verdad y en la gente.

Hoy, con casi cuatro décadas de labor, Noemí Balmaseda se sabe parte de una tradición que defiende la palabra como memoria y resistencia. Su premio es símbolo de una obra que no termina, porque la vida misma sigue siendo noticia, sigue siendo poesía, sigue siendo voz

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