Mujer con alma de flor
Acababa de llegar al Comité Municipal de la Federación de Mujeres Cubanas. Venía con la herencia de su abuela, aquella mujer firme que fue secretaria del bloque Rosa Castellanos, y que le enseñó que la FMC no era solo reuniones, sino un modo de estar en el mundo. “Ella me mostró que ser federada era ser parte de la vida de los demás”, dice Yanira, y se le entrecorta la voz.
Desde sus años de estudiante en las secundarias Gustavo Ledesma y Roberto Valdés Mamposo, se le veía en todas partes: en el aula, en el barrio, en la delegación. Siempre con esa mezcla de jovialidad y firmeza que la hacía destacar sin proponérselo. “Me gustaba estar donde hacía falta, sentir que podía ayudar”, recuerda.
Ingresó como funcionaria y allí descubrió la grandeza del trabajo popular: acompañar, escuchar, guiar. Apenas un año después, su disciplina y su iniciativa la llevaron a la reserva ideológica. “No era cuestión de cargos, era cuestión de compromiso”, afirma.
En 2020, su trayectoria la condujo al secretariado, integrándose en la esfera ideológica. Desde entonces, cada espacio ha sido huella: la de una mujer que no se cansa, que no se rinde, que siempre está presente en todas las tareas, desde las más pequeñas hasta las más complejas.
La canción de Buena Fe dice que una mujer con alma de flor lleva adentro en la raíz tal fortaleza. Gabriela Mistral lo escribió de otra manera: “Todas íbamos a ser reinas, de cuatro reinos sobre el mar…”. Yanira lo sabe: ha enfrentado dificultades, ha sentido el peso de la responsabilidad, pero nunca ha doblado la cabeza. “Ni en los momentos más duros pensé en rendirme”, confiesa.
Las federadas la reconocen no solo por lo que hace, sino por cómo lo hace: con respeto, con cariño, con esa mezcla de firmeza y ternura que caracteriza a las mujeres que lideran desde el corazón.
El 8 de marzo nos invita a mirar hacia mujeres como Yanira, que sostienen la esperanza desde la organización, que convierten la disciplina en ternura y que definen su vocación en una sola palabra: amor. Amor por las mujeres, amor por la comunidad, amor por la vida.
Yanira Salgado Martínez no solo es dirigente. Es mujer, es joven, es fiel a sí misma. Y en esa fidelidad se encuentra la raíz de su dignidad y la fuerza de su historia. Una mujer interminable, inmarchitable, inolvidable. Una mujer con alma de flor.
