El silencio que se vuelve bandera
«El cáncer introduce un silencio extraño en la vida, como si el tiempo se detuviera y todo lo que era seguro se volviera frágil.» — Susan Sontag
Cada 4 de febrero, el mundo recuerda que el cáncer no es solo una enfermedad, sino un desafío que transforma vidas y comunidades. En el Hospital Augusto César Sandino, la jornada del Día Mundial contra el Cáncer se vive con un compromiso especial: la prevención del cáncer de cuello uterino, una de las patologías más frecuentes en la mujer y que, detectada a tiempo, puede salvar vidas.
El doctor especialista en ginecología Camilo Ramos, especialista del área de salud, lidera las acciones de pesquisa y educación. Con firmeza explica que la clave está en la detección temprana: un examen sencillo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
En el área de Patología, el colposcopio se convierte en protagonista. Este instrumento, que permite observar con detalle el cuello del útero, es descrito por los médicos como “los ojos que miran más allá del silencio”. Gracias a él, se identifican lesiones precancerosas invisibles a simple vista, se realizan biopsias dirigidas y se complementa el examen del Papanicolaou. Cada consulta con el colposcopio es un acto de prevención que transforma la incertidumbre en certeza.
Las historias son diversas: madres que nunca se habían hecho un examen, jóvenes que escuchan por primera vez sobre el VPH, mujeres que agradecen haber detectado a tiempo una lesión precancerosa. Para el doctor Camilo, cada paciente atendida es una victoria contra la enfermedad.
Y para quienes han sido pacientes de Patología, la experiencia se transforma en compromiso. El silencio del diagnóstico ya no es vacío: se vuelve bandera, un símbolo de lucha y de esperanza compartida. Cada consulta es un recordatorio de que la prevención no solo salva vidas, también une voluntades.
Así, en Sandino, el Día Mundial contra el Cáncer no es solo una fecha en el calendario. Es un llamado a convertir el miedo en acción, y el silencio en bandera. El hospital se convierte en un espacio donde la esperanza se multiplica: la prevención no es un trámite, es un acto de dignidad; la pesquisa no es rutina, es un gesto de amor; y la ciencia no es fría, es la voz que devuelve confianza.
Porque mientras haya médicos que miren más allá del miedo y pacientes que conviertan su dolor en bandera, el cáncer nunca podrá apagar la esperanza. En Sandino, el silencio gris se convierte en poesía, la poesía en fuerza, y la fuerza en vida.
