De SandinoSociedad

“Que nadie tenga que callar ”

Hay mujeres que aprenden a caminar con los hombros encogidos. A no reír demasiado fuerte. A no vestir como quieren. A no decir que no. Porque saben que en ciertos pasillos, en ciertas oficinas, en ciertos silencios, el acoso se disfraza de broma, de costumbre, de poder.

Pero algo está cambiando.

El Decreto Ley 96/2023 no es solo un documento. Es una respuesta. Es el reconocimiento de que el respeto no puede depender del humor del jefe, ni de la cultura institucional, ni de la tolerancia al abuso. Es la certeza de que el trabajo no debe doler.

Hoy, cada entidad laboral en Cuba tiene un protocolo de actuación contra el acoso, como anexo de los convenios colectivos, como parte de sus reglamentos internos. No es un favor. Es un derecho. Es una forma de decirle a cada mujer: “No estás sola. Si algo te lastima, hay un camino. Hay una norma que te respalda.”

Porque el acoso no siempre deja marcas visibles. A veces se instala en el cuerpo como una incomodidad constante, como una vergüenza que no le pertenece a quien la siente. Y por eso, cada protocolo, cada reglamento, cada línea escrita en ese decreto, importa.

Importa para que ninguna mujer tenga que callar para conservar su trabajo. Para que el respeto no sea negociable. Para que la dignidad no dependa del silencio.

Y cuando eso se logra, cuando una mujer puede entrar a su centro laboral sin miedo, entonces sí: estamos construyendo país.

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