Día tras día son muchos los que asumen una probadita, esta se convierte en un deseo, después en un hábito y termina en un mal. Un mal del que ya no puede hablarse de superioridad masculina pues muchas mujeres también lo han incorporado a su rutina.
Y es que el consumo de alcohol, que como dije al principio inicia con una probadita, es cada día más alto y la tendencia a su iniciación es más precoz.
Lógicamente beber solo unas copas no coloca a la persona dentro del término alcohólico, pero debía tenerse claridad cuando (unas) se vuelven varias y así sucesivamente hasta llegar a la dependencia. Ahí es donde se pierden las riendas y todo comienza a cambiar.
De acuerdo con estadísticas consultadas, el alcohol disminuye en más de diez años el promedio de vida de la población. Este dato debería ser suficiente para no caer en la tentativa o adicción pero son muchos los que evaden la realidad.
Lamentable resulta que los trastornos por él provocados no sólo alcanzan al individuo, sino que tienen también serias consecuencias sociales, en dependencia del comportamiento de las personas cuando lo consumen.
Tratar de alejarse de los problemas a través del alcohol no es la vía. De nada sirve evadir la realidad si cuando vuelves en sí la situación se torna con dimensiones duplicadas.
Queda pues disfrutar de la corta línea de la vida con entera claridad de lo que haces y aprender a prescindir de lo que más allá de una diversión constituye una condena.










































