La noticia corrió de persona a persona, de llamada en llamada, de casa en casa. Era de noche mas el tiempo transcurrió sin sentirlo. El sueño desapareció, la muerte de Fidel fue de esos hechos que no porque se sabía un día iba a llegar, por realidad de madre natura, dejaba de ser increíble.
El amanecer claro que fue diferente. Si en otros existía variedad de temas, en ese era solo uno. Para la gran mayoría el sentimiento de saber de su partida era incontrolable. Pobre de los pocos, esos que aún no reconocen la inteligencia perdida.
Una colega escribía: ¨ Cada siglo tiene un genio como protagonista y el del XX se nombra Fidel ¨. Cuan cierto estaba porque la capacidad del líder de la revolución cubana era indiscutible, era no, es indiscutible. No puede hablarse en pasado, su legado marcará por siempre el destino del país y su figura será faro y guía para todos los tiempos.
Se fue físicamente el comandante, el guerrero, el amigo incondicional de todos los pueblos, el luchador incansable. Se fue físicamente pero su legado y su ejemplo quedan en cada amanecer, en cada jornada, en cada cubano.










































